No cesa el castigo del martillo contra el clavo.
A lo lejos los percibo moldeando una improvisada construcción, de dos o tres pilares. Seguro que arrastrados de una u otra aventura carpinteril.
A mi lado, una casa firme y sólida. En una de mis manos, un martillo. La otra esconde un clavo.
-No, no lo digo para vanagloriarme, pues he de admitir que en esta construcción no puse más que un par de clavos, dos vigas y una total predisposición a un derrumbe inminente.
Lejos yo busco y no está. ¿Es tan allá ese lugar?
No hay comentarios:
Publicar un comentario